Merece la pena vencer perezas. Siempre.

Esta mañana yo he vencido la mía y he salido a conocer mejor a mi nueva amiga, la Panasonic FZ-18, y de paso a dar una vuelta en bici.
El fresco airecito de Noviembre no ha sido obstáculo, y he disfrutado durante un par de horas con dos de mis grandes aficiones, el ciclismo y la fotografía, compatibles al máximo.
Y he llegado contento, primero por el ejercicio, y después porque creo que la FZ-18 y yo vamos a ser grandes amigos.
Entre otras cosas que me ha enseñado con sus ojos, está el que unas ramitas de la periferia de la capital pueden llegar a ser más altas que las más altas torres de España.
Luego me ha llevado a un sitio que desde mi niñez contemplaba en la lejanía con aprensión. Se contaban muchas historias de miedo con esta torre blanca, a la que durante años, no me atreví a acercarme. Y mucho menos cuando me enteré de que era un manicomio.
Hoy sí lo he hecho, aunque juzgad vosotros mismos el aspecto tan tétrico que tiene.
Por último, se ha empezado en sacarme una foto, se lo hemos dicho a la bici y los tres hemos posado en un autorretrato.
Salud.